Coincidiendo con su primer concierto en Madrid desde la publicación del álbum “Impasse”, los ex La Buena Vida regresan con un tema en el que vuelven a contar con la presencia de una voz femenina (Isa de Triángulo de Amor Bizarro cantó en “El huerto provenzal”).
“Pompeya” cuenta con la de Alondra Bentley, nominada a los Goya por la canción original para el filmSegundo Premio. Definida por el propio grupo como una bossa en clave pop,el dueto se va pasando el relevo sobre una base de electro suave, pianos y arreglos y candencias marca de la casa.Escucha “Pompeya”.
Con el disco "Impasse", el grupo formado por ex-miembros de La Buena Vida ha demostrado que su legado va a permanecer vigente durante mucho tiempo. Las canciones publicadas el pasado año junto a músicos afines al grupo -entre otros Joserra Senperra (Duncan Dhu, Quique González, Iván Ferreiro), Oriol Flores (Izaro, Javi P3z, Miqui Puig), Carlos Subijana, Charly González, Diego Vasallo (Duncan Dhu), Isa Cea (Triángulo de Amor Bizarro)- han demostrado estar a la altura de sus mejores composiciones de siempre, como se ha podido comprobar en su glorioso concierto en el Victoria Eugenia de San Sebastián. A finales de año el grupo publicaba el premonitorio E.P. “Queda un gran camino por hacer” con temas inéditos, y su regreso ahora no podría ser en mejor compañía.
A partir de la presentación en directo de “Impasse” en el Victoria Eugenia, Amateur han mostrado un grupo renovado incorporando a Karen Ortiz y Fino Oyonarte (Los Enemigos). Próximos conciertos: 28 MAR. TheBassement, Madrid [ tickets ] 12 JUL. Bilbao BBK Live, Bilbao (pronto más confirmaciones)
Que la voz de Alondra Bentleyencandila, atrapa y arrulla lo sabemos desde que editósu debut, “Ashfield Avenue”, hace ya quince años. Lo que no esperábamos -o sí, pero ensecreto- es que algún día dejasesuinglésmaterno para cantaren castellano, y que escogiese nuestro idioma para editar un álbum tan fascinante, profundo y evocador como “La materia” (Sonido Muchacho,2024). Pero aquí está, con once nuevas composiciones que bien merecenlosseis años de espera desde el anterior “Solar System” (Mont Ventoux,2018), sin obviar “Si tuviera”, esa canción a modo de puente que lanzóen 2022 advirtiéndonos que seguíaahí, al acecho y creando en la sombra.
Aquella canción fue una pista de lo que venía, pero no del todo cierta. Ahísonabaespontánea y -casi-caribeña, y en “La materia”, digámoslo ya, se mueveporotrascoordenadas. Amiga de la intuición y de un cierto caos, no planeó hacer un álbum conceptual pero las canciones se fueronalineandohijas de las circunstancias. Porque mientras el mundo entero se detenía y encerrabaen casa, ella alumbraba una nueva vida que le hacíareflexionar sobre la existencia. De ahínacieron un puñado de versos que contienen la esencia de este disco, enel que confrontael mundo terrenal y la vida material con el mundo cósmico y la parteespiritual. Y sorprendentementesurgieronen castellano, de forma “absolutamente natural y visceral”, pero muy trabajadas a posteriori.
“La vida y la muerte son los dos grandes temas del disco”, confiesasuautora. Temas que sobrevuelansudiscografía desde su debut, editado meses después de perder a sumadre, a quiendedicó la canción “Starformummy”. Su recuerdo está muy presente en “Marchar”, un entrañable folk enel que recupera las palabras de sumadre ya enferma: “Voy a desaparecer /es algo natural / Intenta no pensar de forma tan occidental / Haz todo lo que tegusta / antes de marchar”. “No le quedaba mucho de vida y me lo dijo muy tranquila”, rememora Alondra. “Recuerdo que me enfadé y me puse a la defensiva, pero no podíatener más razón”, piensa. Ahora, supropiamaternidad ha influidoen este disco enel que engarza lo mundano y lo existencial. Ahí es donde habitan estas canciones, con un título nada accidental, pues “aunque pertenezcamos a un todo más grande, la materia nos permitevivir”.
El disco fluye -y nunca mejor dicho, nos arrastra- desde la inicial “La corriente”, con una declaración de intenciones sobre cómo nos dejamosinfluenciarporlosdemás “mucho más delo que somoscapaces de ver”, y tambiénpor la cultura o el mundo que nos rodea. Con una declaración de intenciones, la de coger las riendas de la propia vida, desembocamosen “Realismo mágico”, donde hace un guiño a uno de los músicos que más sonabaensu casa de niña, Franco Battiato.“YabuscabaBattiato un centro de gravedad”, canta enel estribillo, compartiendo con elitaliano esa búsquedaen las simas más profundas.
Y para magia, la que se respiraen “La materia”, a medio camino entre esos dos mundos de los que habla Alondra, con un pálpitoindiolatiendo al fondo. Después, a lomos de un caballo aladollega “Siendo yo”, una disertación sobre la libertad que también expresa instrumentalmente, con un ritmocontagioso y un piano bluesero. ¿Hablará, quizá, de la concienciaen plena etapa de crianza? Mientras pensamosenelloarrancanlos primeros compases de la mántrica “Se escondeel sol pero no se apaga”, con esos coros graves y esas flautas orgánicas que se deslizandetrás dela sugerente voz de Alondra. Una Alondra que, en “Herida andante ambulante”, zigzaguea con la delicadeza de una bailarinaclásica y nos conduce hasta la pista de baile con una naturalidadasombrosa.
Con sutileza,el álbum va despojándose de lostemas más arduos y evoluciona hacia la forma de experimentar el amor. “Una tiene una relación muy extraña con supropiaobra y tuve que pedirayuda con elorden”, confiesasonriendo Alondra. En eltramo final coloca “Ya no quiero nada”, una canción sin atadurasmaterialesni emocionales, de las más battiatas, en la que flotamosen la oscuridad, haciéndonossentirinmensamentepequeños mientras la música nos sobrecoge. Pero la voz de Alondra nos cobija. Es un refugio que nos recuerda lo asombroso, extraordinario y misterioso que es viviren “El amor has de elegir”, una composición experimental ya la vez orgánicaen la que se cuelanlosruiditos de bebé de supequeñaSusie. A ella está dedicadoel disco, gestado mientras recurría de nuevo a losclásicos del folk, el pop y el rock de siempre, pero también a artistas como Kate Tempest. “Tiene una capacidad de sintetizar lo que sucedeenel mundo de una manera muy poética a la que creo que no puedoaspirar”, se sincera, ignorando que ella también lo hace.
Fría y cálida al mismo tiempo, en “Fugaz pero eterno” trabaja con maestríalosopuestos. Lo mismo sucede cuando combina instrumentos más folclóricos con texturas más electrónicas. El resultado es tan armónico que una tinaja convive perfectamente con un sintetizador, como la tierra y el cosmos. Para lograr un sonido actual y clásico a la vez acudió a GruffRhys, líder de sus admirados Super FurryAnimals y uno de sus compositores de cabecera ensolitario. Nuevamenterecurre a un colega de otras latitudes, como hizo con Josh Rouse o Matthew E. White en álbumes anteriores. Y Rhysmaterializasudeseo con la ayuda de Bernardo Calvo, que ha grabado, mezclado y masterizadoel disco en Metropol Studio y SM Recording.
AcompañadaporErika López (sintetizadores, teclados y órgano), Clara Collantes (guitarraeléctrica), Coke Santos (batería y percusión), CaioBellveser (bajo) y Pablo Borderías (clarinete, flauta y tinaja), Alondra lo ha volcado todo en “La materia“. Se ha encargado hasta del bellísimo arte del disco, de la portada y todas las ilustraciones. Casi todas las pinturas están salpicadas de pequeñosfantasmas que simbolizan la muerte y la no materia. “No sé mucho de astrofísica, pero suelo ser bastanteimaginativa a nivel plástico”, ríe, explicando que la cubierta, realizada enacrílico, representasu manera de entenderel tiempo.
La vida, la muerte y el tiempo que transcurre entre una y otra sobre vuelan un álbum que cierra con “Bosque ancestral”, pieza que retrotrae al mismísimo Bowie. Lo hace imaginándose a una persona pordentro, desde el amor y narrándolo desde el más allá, transformadaen la naturaleza que ansiaba al abrir el disco. Flotando, que es el estado enel que nacemos y enel que morimos. Entre movimientossubterráneos y sacudidasetéreas, Alondra Bentley reaparece con una nueva piel musical más envolvente, inspiradora y deslumbrante que nunca.