Esto no es un programa de autoayuda, es el tercer y último single de La Trinidad. El adelanto que cierra definitivamente una etapa para dejar que el grupo, tres días más tarde, se adentre por derecho propio en sus nuevos dominios: “Sheriff Playa” (o lo que es lo mismo, un mar Mediterráneo que no entiende de norte, sur y fronteras).
El viaje se aproxima con la canción que conceptualmente mejor resume este nuevo largo: un ritmo de UK garage, una línea de bajo a medio camino entre ESG y The Police, una guitarra eléctrica de inspiración jamaicana y sintes puro estilo Neue Deutsche Welle. Art-punk minimal por y para 2023, las baratijas de Oriente y Occidente y todas esas otras cosas que España les debe.
Hace tres semanas La Trinidad se enfundaron los monos de trabajo y se pusieron manos a la obra para presentar su nuevo single, “6.30”. Los malagueños no le temen a hablar de pasta, eso sí, lejos de glorificarla, hablan de salarios precarios.
Ahora, con este segundo adelanto titulado “Que Las Palabras Broten” (La Trinidad siempre ha sido un grupo romántico), están dispuestos a sacudirse el polvo, calzarse unos zapatos con calcetines blancos y dejarse esos pocos cuartos en algún discopub. Por vez primera abrazan la música de baile, entre unos Parcels que han olvidado el virtuosismo y unos PiL ligeramente refinados. Esto no es una canción de amor. Esto es una canción a 120bpm sobre todo lo que duele después del amor y que te viene a la cabeza esperando el tren de vuelta a primera hora.
Tras las últimas andanzas del grupo malagueño La Trinidad es posible que te pensaras que seguirían refinando su estilo pop, un sonido cristalino que, poco menos, te hiciera sentir la brisa marina en la cara. Pues no. “6.30”, suena más bien “como una somanta de palos y que encima elpoli te casque la multa a ti”, en palabras del propio grupo.
Nadie sabe exactamente qué ha pasado, pero la realidad se antepone en nuestras narices-oídos-vísceras-sistema nervioso con el nuevo sonido del cuarteto malagueño: una sola guitarra sin pedales, un bajo por línea, una batería sin platos y como Dios manda (no hay caja de ritmos soviética que valga), un par de teclados y un delay como los de King Tubby. Sonido Nueva York grabado en Motril, que es una costa tropical y además se nota, porque en ‘Sheriff Playa’ también hay sitio para el dub. El aire es otro instrumento más en este trabajo. Minimalismo, pero no el de las casas esas de nuevo rico. De hecho, La Trinidad tienen bastante poco que ver con eso. Si aspiraran a una choza así, no habrían hecho este disco, o se llamarían Cerrado de Calderón.
En lo estético, un mar Mediterráneo y un mar Negro en vertical custodian los nuevos dominios de La Trinidad. No hay norte, no hay sur. El mapa, rodeado por estrellas europeístas, comunistas y de sheriff, al principio no lo reconoces, pero si fijas la mirada en el espacio negativo, lo tienes. Y todo tiene una razón: el proceso creativo de este single, que estaba más cerca de lo que estos muchachos pensaban. Pocos datos más tenemos al respecto, por el momento, más allá de que Carlangas (líder de NovedadesCarminha) se haya aliado como productor de la banda en este single y en lo que pueda venir más adelante.
Han pasado dos años desde que La Trinidad publicaron su álbum debut, “Los edificios que se derrumban”, un álbum que les señalaba como estandartes del sonido característico de (valga la redundancia) Sonido Muchacho. El cuarteto malagueño lejos de esconderlo, mostraba orgulloso la influencia de algunas de las mejores bandas nacionales de los ochenta, que se traducían en un sonido correoso y vibrante, rock rabioso y acelerado que tomaba el testigo de muchas de las referencias más ilustres que forjaron la identidad del sello. En definitiva, un gran debut. El parón forzado que ha supuesto la maldita pandemia ha servido sin embargo para replantear su sonido. Y, a diferencia de lo que ha ocurrido con la mayoría de bandas, a las que todo lo ocurrido en los últimos dos años ha empujado a oscurecer su sonido, La Trinidad están de vuelta con una actitud luminosa, podría decirse que hasta disfrutona. En esta reinvención, concretada en los tres temas que conforman “¡Qué asco de primavera!”, destaca muy especialmente la incorporación de un sintetizador que aporta al sonido de la banda un sonido mucho más relajado y luminoso. La influencia de los ochenta sigue estando ahí, pero de otra manera y con otros referentes, algo obvio hasta en la canción de inicio, Jorge enamorado, que a pesar de centrarse en las guitarras igualmente renuncia a la distorsión en pos de un sonido mucho más limpio.
Es sin duda la mejor manera de enfrentarse a los fantasmas del pasado y también a una actualidad igualmente deprimente. Y parafraseando aquel lema que apelaba a las bondades de la música electrónica, puede que haya llegado el momento de llegar a la felicidad por el pop y el rock de guitarras. De ser así las nuevas canciones de La Trinidad son su puerta de entrada…
Todos hemos sido Jorge alguna vez. Y sí, ya sabemos lo que pasa cuando uno está enamorado: la vida es de color de rosa, los pajaritos cantan y las fuentes se accionan a tu paso. “Jorge Enamorado” logra captar esa euforia inherente a los primeros meses de relación, un estado de ánimo que se refleja en un sonido mucho más limpito de lo que suele ser habitual en la banda malagueña.
Si bien esta vez optan por dejar al margen esa distorsión tan reconociblemente suya, es la letra la que ensucia un tema en el que nuevamente se imponen las guitarras. Y es que, por mucho que uno ande enamorado, ya sabemos lo que hay cuando uno está en sus veintitantos: la juventud es, por naturaleza, inocente, cruel, inalterable, sublime como un puñado de colillas. No podrían haberlo descrito mejor.
Todo este derroche de optimismo contrasta fuertemente con el título del EP, “¡Qué asco de primavera!”. El trabajo, que estará disponible el 27 de mayo, lo completan dos cortes más. “Las Vistas del Barrio Alto”, el luminoso primer adelanto, ponía fin a la espera que siguió a la publicación de su álbum debut en 2020 y cumplía sobradamente con la función de ponernos los dientes largos.
Cada poco surge algún agorero vaticinando el final del rock, para que poco tiempo después la aparición de una nueva banda fascinante que recoge la herencia de siete décadas de música popular lo desmienta.
Es el caso de La Trinidad, la formación malagueña que, tras brillar con sus primeros trabajos, el EP “Nuevas Dignidades” y el largo “Los Edificios Que Se Derrumban”, alcanzan su definitiva madurez con este adelanto por el que se filtran para bien la herencia de algunas de las mejores bandas de rock de la Historia.
Y qué mejor ejemplo de ello que este “Las Vistas del Barrio Alto”, primer single que arranca con unos riffs que perfectamente podrían firmar los mejores The Clash, se desarrolla con la sensibilidad guitarrística de unos Byrds, y que, en su estribillo, con esa referencia a “la capital portuguesa”, inevitablemente nos trae a la cabeza a los nunca suficientemente ponderados Niño Gusano. Con esos mimbres La Trinidad componen un tema que curiosamente mira al Atlántico rindiendo homenaje a Lisboa. Algo de su maravillosa luz hay en esta canción…
“La Clase Media” es el último disparo de La Trinidad antes de presentar su debut en largo, “Los edificios que se derrumban”.
Una canción afilada, directa, y con una letra áspera que señala a toda una generación. Un nuevo single que sirve de antesala de uno de los discos del año, y que presenta a los de Málaga como una de las revelaciones de su generación.
El debut de los malagueños La Trinidad, estará disponible, finalmente, el próximo viernes 30 de octubre. Tras varios cambios de fecha, al fin podemos presentar como se merece un disco grabado por Paco Loco en su estudio de El Puerto de Santa María, y producido y mezclado por el mítico John Agnello (Kurt Vile, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, entre otros).
“La Clase Media” viene acompañada por el vídeo dirigido por Marta Porto y Víctor Jiménez.